Magallanes: Soberanía y Geopolítica.
Por Francisco Darmendrail
Periodista titulado de la Universidad de Concepción
Magíster en Historia Económica y Empresarial Universidad Adolfo Ibáñez (UAI)
En una columna anterior para Alumni UdeC , expuse que el Estrecho de Magallanes constituye uno de los espacios geográficos más significativos de la historia territorial de Chile. Su condición de paso natural entre los océanos Atlántico y Pacífico explica la necesidad de establecer una presencia permanente en el extremo austral. A propósito de la contingencia noticiosa respecto al tema, es imperativo efectuar una retrospectiva sobre el derecho de nuestro país de ejercer soberanía en tan importante enclave.
Desde los primeros años de la República existió conciencia sobre la necesidad de ejercer soberanía en los territorios meridionales. La Constitución de 1822 estableció como límite sur de Chile el Cabo de Hornos. Posteriormente, durante el gobierno del presidente Manuel Bulnes, esta preocupación adquirió una dimensión concreta: asegurar la presencia nacional en una zona que podía quedar expuesta a la ocupación de otras potencias.
En este contexto se organizó la expedición de la goleta Ancud. Después de un complejo viaje de cuatro meses, la tripulación arribó a Punta Santa Ana el 21 de septiembre de 1843 y tomó posesión del Estrecho de Magallanes en nombre de Chile. Posteriormente se construyó el Fuerte Bulnes, consolidando la presencia estatal mediante una instalación permanente. Así, la soberanía dejó de expresarse únicamente como una pretensión territorial y pasó a materializarse mediante ocupación, autoridades e infraestructura.
Durante las décadas siguientes, el desarrollo de la navegación y el asentamiento de otros actores en la Patagonia hicieron necesario precisar las fronteras australes. El Tratado de 1881 entre Chile y Argentina estableció disposiciones relativas al Estrecho de Magallanes y consolidó el marco jurídico de la soberanía chilena sobre este espacio.
La experiencia histórica de Magallanes demuestra que la soberanía no puede entenderse únicamente como una declaración jurídica o una línea trazada sobre un mapa. Es una responsabilidad permanente del Estado, que implica presencia, administración, protección y capacidad de proyectar los intereses nacionales sobre el territorio. La toma de posesión de 1843 constituye un ejemplo de ello: Chile no solo afirmó un derecho, sino que actuó para hacerlo efectivo. En el extremo austral, esa lección conserva plena vigencia. La soberanía se sostiene cuando existe una presencia estatal permanente, capaz de vincular el territorio, su población y sus recursos con el conjunto de la nación.
